Semblanza

Una vida dedicada al vehículo industrial

Ingeniero de formación, diplomático por carácter y toda una vida dedicada a Pegaso e Iveco.

Jaime Revilla Arroyo nació en Barcelona el 1 de septiembre de 1951. Estudió Ingeniería Industrial Superior, en la especialidad de Electricidad, en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Barcelona, donde también se doctoró. Más tarde completaría su formación en Alta Dirección en la Manchester Business School.

Tras un primer empleo en PIHER, en Granollers, desarrollando los primeros circuitos híbridos fabricados en España, en 1975 entró en ENASA, la empresa de los camiones Pegaso, en la planta SAVA de Valladolid. Desde ese momento y durante 45 años permaneció en la misma compañía, que con los años pasaría a formar parte del grupo Iveco.

Recorrió todas sus áreas: diseño de vehículos y cabinas, ensayos, motores, postventa, ventas y marketing. Dirigió Pegaso Motor, la postventa de Iveco Pegaso, Iveco Portugal y la dirección general de Iveco-Pegaso España. A finales de 2005 se trasladó a Turín como Senior Vice President mundial de la plataforma Daily, al frente de los vehículos comerciales ligeros del grupo, con responsabilidades que abarcaban plantas en Italia, Brasil, Argentina y China.

En abril de 2011 volvió a Madrid como presidente y consejero delegado de Iveco España, el primer español en ocupar ese cargo. En plena crisis, defendió el futuro de las fábricas de Madrid y Valladolid, consiguió que Madrid fuera la planta del grupo en Europa para los camiones pesados y situó a la marca a la cabeza de las energías alternativas. Fue también el primer presidente del Comité de Vehículos Industriales de ANFAC.

Italia le reconoció como Ufficiale dell'Ordine della Stella d'Italia en 2013, y ASEPA le nombró en 2019 Personaje Ilustre de la Automoción Española. Se jubiló el 30 de septiembre de 2020. Falleció en Madrid el 31 de julio de 2026.

El hombre detrás del directivo

Quienes trabajaron con él destacan su capacidad de escuchar, su diplomacia y su lealtad. Exigente y trabajador incansable, sabía crear equipos en los que cada uno asumía su responsabilidad «sin amenazas ni gritos». Lo apuntaba todo en su libreta y olvidaba el móvil en cualquier parte.

Fue padre de tres hijas, Silvia, Marta y Cristina, cuya foto presidía su mesa de trabajo. Algunos domingos las llevaba al circuito del Jarama a ver carreras de camiones. Contó siempre con el apoyo de Mercedes en sus años de carrera, y en Turín conoció a Nicole, que fue después su esposa. Al recibir la Stella d'Italia quiso dar las gracias, ante todo, a su familia.

Fuentes: libro «Jaime Revilla», de Julia Sánchez Hidalgo (Alas y Raíces Libros), y prensa recogida en En la prensa.